Escondido en el interior del Bethlem Royal Hospital de Londres (la institución de salud mental más antigua del mundo), se encuentra un museo muy especial. El museo de la mente expone obras de personas que padecen problemas de salud mental, buscando arrojar luz sobre la historia de enfermedad y esforzándose por eliminar el estigma que sigue rodeándola.
En estos días se ha abierto una exposición temporal de Kindred bajo el título: La soledad del sufrimiento y la comunidad de la experiencia vivida. El título y el texto que presentan la exposición me han inspirado para escribir este post:
<<La experiencia humana es cuestión de historia, memoria y comunidad. Nunca es solo individual. Nuestras interacciones en familias, grupos de amigos y vecindarios, redes de interés y apoyo, inciden en nuestra identidad, para bien o para mal. Y en un clima de atomización política, cultural y económica, la cohesión social parece esquiva. La presencia, o ausencia, de comunidad se siente con especial intensidad ante los problemas de salud mental. Los artistas cuya obra está representada en las colecciones del Museo de la Mente de Bethlem lo representan de diversas maneras, desde sus diversas perspectivas. «Escúchame, háblame, entiéndeme», parecen decir. «No me mediques solo».>>
No somos seres individuales, pertenecemos a una comunidad y vivimos en un entorno social. Y en momentos de sufrimiento, enfermedad o confusión, la presencia de otros a nuestro lado puede cambiar y aliviar esa situación dolorosa.
En la pirámide de necesidades básicas de Maslow, el sentimiento de pertenencia está ubicado en el tercer nivel. Antes van las necesidades básicas fisiológicas y la necesidad de seguridad. Y lo define como la necesidad de amor, afecto y amistad de un grupo, comunidad o familia. Sentir que formamos parte de un grupo (amigos, familia, club, comunidad) y que somos aceptados y dignos de amor, ayuda mucho en nuestro bienestar psicológico. Además esa pertenencia conforma parte de nuestra identidad (los seres humanos incidimos unos sobre otros para bien y para mal).
Trae a tu memoria algún momento vital duro en el que sentiste un gran sufrimiento. ¿Había personas a tu lado acompañándote? ¿Sentiste el soporte y el cariño de los tuyos? ¿Crees que la cercanía de otras personas te ayudó a superar esa bache?
En momentos de crisis (cualquiera que sea el motivo), la soledad puede acentuar el sufrimiento. Por el contrario, apoyarse y dejarse acompañar por personas cercanas puede suponer una experiencia de encuentro profundo con los otros y una oportunidad para evolucionar personalmente.
Así pues, si me permites el consejo, cuida tu red de amigos, tus relaciones familiares y busca pertenecer a algo más (un club, asociación, comunidad…). Porque ser parte de hace que nos sintamos acompañados en la vida y nos puede ayudar a sanar las heridas en momentos difíciles.
El cuadro pertenece a Lisa Biles en el museo de la mente.
Miriam Magallón, psicóloga clínica.
Creadora del Método Yoga para crecer
Tlf: 605146096

